El hombre

El hombre sueña sobre si mismo mayormente a cuenta de otros

El-hombre
EL HOMBRE

El hombre es un ser que está en pleno nacimiento. Es el único ser en el que la vida eterna puede reconocerse en su total plenitud y riqueza – y también el único que puede en si superar el mal.

En fin y el objetivo de la vida del hombre en este mundo es una limpieza profunda de todo lo que pueda enceguecerlo. El fruto de esta limpieza es una completa comprensión de la realidad, lo que por si mismo le abre la puerta al hombre hacia la vida eterna. Allí le espera la vida plena, una paz pura, nacida de una completa libertad y la eterna fascinación sobre la belleza de lo eternamente sorprendente.

Sin embargo, el camino hacia el completo autoconocimiento del hombre es largo y difícil, repleto de incógnitas e incertidumbres. Se necesita mucho coraje y profunda sinceridad para que el hombre retire todas sus secretas telarañas para así encontrar su verdadero y real rostro.

Para que sea capaz de recorrer este camino, el hombre debe ser humilde, hasta que su paso sea firme y fuerte. La humildad del hombre con suficiente fuerza interior para tomar decisiones es el reflejo de la verdadera nobleza, y así la vida se reclina ante ella y se despliega en su belleza y autenticidad.

Cada momento es precioso. Si el hombre va perdiendo y así termina perdiendo todo su tiempo, éste lo aplasta y quiebra. Por lo tanto su eventual pero tardía humildad no tiene sentido, dado que la fuerza para combatir el mal ya se ha desvanecido.

El mundo y todos los sucesos en él son meramente un gigantesco entramado de metáforas, a través de las cuales puede el hombre reconocer lo indomable e ilimitada que es la vida. Buscar en esta vida la verdad absoluta y perfecta es un acto desesperanzador, tanto como buscar campos soleados bajo el mar.

Hasta que el hombre no se sumerja en la total conciencia y el completo autorreconocimiento, toda concepción de si mismo y del mundo será pálido y soñador. En estos sueños el hombre intenta encontrarse y medir su fuerza y su duración, intentanto también justificar su existencia con significados y objetivos, los cuales terminan encegueciéndolo.

El hombre mayormente sueña sobre si a cuenta de otros, ya que para hacer realidad sus sueños intenta involucrar a sus personas más cercanas, mientras que poco le importa su propia visión y opinión.

El autorreconocimiento se amplía cuando el hombre reconoce lo onírico de todos sus sueños y su ilusión y gradualmente así consigue libertad. Esto le permite darle lugar a la realidad de la vida misma.

Todo el mal de este mundo se origina exclusivamente en los sueños del hombre y en el forzado trazado y detrimento de la vida según estos engañosos y ciegos sueños. Los sueños pueden ser ilimitados, pero en sí mismos no albergan ninguna verdad, como así todo lo que se construye sobre ellos siempre se derrumba. Quien parte de la vida terrenal como un soñador irreal y ciego, allí pierde el punto de partida para sus sueños y el enfrentamiento con la eternidad lo arroja a un eterno precipicio.

La precariedad, consecuencia de la búsqueda de la vida a través de determinadas imágenes y formas, muestra el sinsentido de tales actos mediante el sufrimiento. Cada uno es capaz de darse cuenta de que todas las formas en las que se vive, son en cuanto a su sentido final, elegidas voluntariamente, aún cuando sean elegidas ingenua o pasivamente. Generalmente no podemos elegir las circunstancias, pero sí nuestra actitud hacia ellas. Esto nos esclaviza y amarra, si no lo interpretamos como algo relativo.

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