Atrapados en la distancia hacia la perfección

Las personas que se permiten no ser perfectas son las más normales

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Atrapados en la distancia hacia la perfección

Cada forma de vida: una flor, una mariposa o el hombre, tiene tanto colorido cuanto más se aleje de la perfección. Cada presencia física, incluido el hombre, presenta un mayor o menor alejamiento del estado de perfección. Así como los planetas, las  órbitas determinan nuestro alejamiento de la perfección. El mero alejamiento nunca fue problemático. El único problema reside en nuestra propia interpretación de esta distancia.

Nuestro distanciamiento de la perfección es tan grande que si el hombre debiera aceptarlo de repente, seguramente enloquecería. Si en este momento debiera observar su estado real, en qué medida estás alejado de la perfección – cuántas imperfecciones, seguramente no podrías aceptarlo. En ese momento perderías el juicio.

Así transcurren los días y el tiempo del hombre – toda su existencia: para aprender a aceptar su distancia. Mientras más lo acepte y asuma sus propias imperfecciones, más será humano.

Hemos nacido imperfectos, aprendemos de las imperfecciones, ese es nuestro deber. Recién cuando aprendemos todo sobre nuestra perfección podemos aceptar todas nuestras imperfecciones. Una vez que seamos capaces de aceptar nuestro distanciamiento natural de la perfección, recién entonces seremos capaces de aceptarnos a nosotros mismos y recién entonces nos liberaremos de nosotros mismos.

Nos aferra el grado de diferencia de estas imperfecciones. Tanto cuanto es tu diferencia, tanto ésta te aferra y tanto estás aferrado a ella, eres prisionero de ella. En la diferencia estás apresado porque opinas que eres inteligente, pero no lo eres. Que eres bueno, pero no lo eres. Que eres honesto, pero no lo eres. Que eres normal, pero no lo eres…

De este modo te atribuyes cualidades que no tienes. Al atribuirte cualidades que no tienes también estableces reglas, cultura y principios, tomando una determinada posición, lo cual es en realidad tu jaula – estás atrapado en la diferencia. La vida de dice:»En esta jaula estarás hasta que no reconozcas tu imperfección.« »Es que en la jaula de la perfección propia o soñada aprenderás más rápido y fácilmente acerca de tu propia imperfección.«

La base del distanciamiento del hombre de la perfección reside en el hecho de que es mortal. Esta es la mayor imperfección posible, en comparación con la perfección de Dios. Por ello cada hombre que piensa de si mismo que es inteligente y correcto, en comparación con el estado real. El hecho mismo de ser mortal lo degrada – solamente este hecho ya le dice que es completamente imperfecto.

Por eso acepta de una buena vez tu imperfeción y acéptala día a día en, tanto cuanto puedas. Así te liberas de ti mismo. De ti mismo o de aquel de quien nunca supiste nada. Así te desatas. Porque cuando ya no te sea necesario ser correcto, te sentirás mucho mejor.

¿No es cansador ser correcto? En todos lados debes cuidar tu comportamiento, tu articulación y corrección. Es que cuando, por ejemplo, finalmente concluyes que no eres bonito, en ese momento te haces bonito. Pero mientras opinas que eres bonito, no eres atractivo. De este modo solo creas distancia y la gente te teme. Te tienen miedo porque piensan que eres demasiado bonito y todos tienen miedo de ensuciarte. De este modo se crea solo distancia, que aleja y crea soledad.

Mientras más acepte el hombre su distanciamiento de la perfección, más es humano. En este sentido fue Jesucristo el más humano, ya que aceptaba completamente su distanciamiento de lo correcto. Y ningún ser sobre la Tierra le llega a los talones, ya que cada uno se siente el más listo, el más inteligente, el más correcto. Cada uno en mayor o menor medida lucha por sus principios y sus derechos. Jesús no los buscaba, ya que no tenía ningún motivo para ello. Él aceptaba su alejamiento y seguía su camino. El misterio de ser hijos de Dios es precisamente una total aceptación del propio distanciamiento o la entrega total a las reglas de la vida.

Las personas tenemos problemas solamente allí donde no estamos preparados para ceder de la propia perfección o corrección. Cuando le dices a alguien que acepte sus puntos negativos, nos responde que no tiene ninguno, y comienza a enumerar todas sus virtudes.

La perfección se ha convertido en la obsesión masiva de la generación actual. La perfección comenzó a publicitarse como el mayor valor del hombre y especialmente las mujeres se ven engañadas por este mundo. En todos lados dicen: »Sé tu misma, eres perfecta« Por eso la mujer moderna dice: »Soy hermosa, soy inteligente, confío en mi misma, soy perfecta.« Pero al final termina sola como la última rama de un árbol caído. Así se desdobla completamente de la realidad de la vida.

La vida es misteriosa, ya que habla sus más profundas verdades de la forma más sencilla a gente sencilla. Siempre fue así. A lo largo de toda la historia fueron reveladas así las mayores misterios, las cuales revelaban la vida. El Señor dice:  »Solamente así puedo ofrecérselas, son como humildes flores de bosque y ellas son mis preferidas.«

Las personas que se permiten ser imperfectas son las más normales y con ello aceptan la comprensión. Los perfectos necesitan lo virtual, necesitan un ritual virtual. Así como un aristócrata medieval, perfecto, pero encerrado en la oscuridad de su espíritu. Es que mientras más perfecto es el hombre, menos siente la vida y menos tiene de él.

A veces en el campo vivía gente sana, y también hoy puedes allí encontrar a un hombre sano. Se trababa de gente simple que llevaba la cruz de la imperfección día a día. Decían: »Pobres de nosotros, Dios nos ayude.« Así le pedían a Dios. Y decían la verdad. Es que todos somos pobres, perdidos en tiempo y en espacio y le rogamos a Dios nos ayude en el camino de la vida.

 

 

 

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