Los seres humanos somos los únicos seres que nos dividimos según la regla de lo bueno y lo malo

El mañana promete – el ayer nos condena   

Los seres humanos somos los únicos seres que nos dividimos según la regla de lo bueno y lo malo
Los seres humanos somos los únicos seres que nos dividimos según la regla de lo bueno y lo malo

El hombre nace como una hoja completa o un disquete con el perfecto programa de la naturaleza. Al nacer obtenemos todos los datos elementales que se transmiten a través del subconsciente o del espíritu. En este mundo medimos la edad del hombre desde su nacimiento físico. En la realidad, la presencia de cada hombre es un secreto de miles de millones de años luz de los secretos del tiempo del universo.

Los antepasados de los hombres son todas las briznas, las hormigas, los peces, etc. Nuestros antepasados son todos los átomos, todos los soles, todos los planetas del universo y nuestro verdadero yo es el prójimo. De modo que la edad real de cada hombre es la misma que la edad de la creación. Somos parientes cercanos o lejanos de toda la creación.

De esta manera el hombre es una hoja escrita perfectamente definida del código genético, así como fue creado por la naturaleza. El hombre posee conciencia o libre albedrío, que no posee la piedra, el árbol, la mariposa, el caballo, etc. ya que no son hojas perfectamente escritas como nosotros, los seres humanos. Por lo tanto no tienen la posibilidad de una perfecta circulación con la vida o la posibilidad de un móvil perpetuo.

Como el hombre es una hoja perfectamente escrita, es la única forma de creación que decide por sí mismo sobre la línea de acción que le dará al programa concedido. Solo decide si actuará de modo asimétrico al programa o de manera opuesta a las leyes naturales, si vivirá en contrapunto y, de esta forma, establecerá una simbiosis con su opuesto o con el prójimo.

Si lo expresamos con una imagen, el hombre es como un tren con un número infinito de vagones. Si se decide por la asimetría es como un tren que conduce hacia un túnel en el cual desaparecen todos los vagones. Miles de millones de años luz de datos se pierden en la oscuridad y desaparecen del horizonte de la vida.

Un hombre que marcha en contrapunto también es un tren con un número infinito de vagones, sin embargo es un tren que sale del túnel. A cada instante un nuevo vagón y, al final, la eternidad. Porque el hombre lleva la propiedad de la eternidad, por la regla del perfecto programa de la naturaleza que le fue obsequiado al nacer.

Por eso las personas somos hijos de Dios. Nosotros no somos algo porque sí. Como al nacer recibimos todos los datos, tenemos en nuestras manos un valor infinito sobre el cual decidimos por nosotros mismos. Este valor se llama eternidad. Este es el elemento principal de la firma que, como ser perfectamente definido, el hombre lleva en su interior.

Ninguna otra forma física, excepto el hombre, es una hoja perfectamente escrita – por eso ninguna decide sobre su línea de acción ni lleva en su interior la firma de la eternidad. Al ser los seres humanos los únicos que poseen una firma eterna, ninguna influencia en el entorno tiene algo que ver con nosotros personalmente, a menos que con estas reglas en el presente nos volvemos a las relaciones.

Si somos pusilánimes despilfarramos esta hoja para nada. Pero si somos valerosos la defendemos a cualquier precio. Porque la regla de la vida es todo y nada, además de nada y todo. Así como todo, podemos anular todo o como nada podemos permitir todo. De esta nada o espíritu es posible condicionar la sanación del hombre. Jesús revivía a los muertos, etc.

El hombre no nace como bueno o malo. En los seres humanos, el único programa correcto es el de la naturaleza. El niño no siente la película como algo bueno o malo. Si la película es triste, llorará. Cuando gana el justo será feliz y aplaudirá. No hay nada defectuoso con el disquete en el hombre. En las relaciones que iniciamos podemos actuar como contrapunto (el bien) o de manera asimétrica (el mal). El hombre puede optar por sí mismo sobre su camino o que es lo que vivirá.

De manera que las personas somos seres que nos dividimos de acuerdo a la regla del bien y del mal. El resto de la naturaleza no conoce esta regla, porque se divide únicamente en especies y subespecies. El hombre se divide en el bien y el mal, ya que no responde más a una actualización del sistema, sino a la vida como un todo.

El hombre es un disquete que entra en una relación con otro disquete o programa. Esto es como el sistema de propulsión en un molino. Por ejemplo en la relación entre la madre y el niño, la madre de una gran rueda que con su relación impulsa a la rueda pequeña. Si la madre es una persona que actúa en contrapunto, en la relación con el niño hará que gire la rueda en contrapunto y el niño tendrá una buena base. Como este contacto es el más cercano, los dientes de las dos ruedas tienen el contacto más fuerte. Si la madre vive una relación asimétrica errónea, también conducirá al niño a una relación errónea.

Tabula rasa

Al entablar una relación con otro ser humano el hombre es una hoja en blanco. En su relación escribe su propia historia o verifica su firma de la eternidad. En todas las relaciones que conforma fluye su determinación individual. De este modo se escribe una de las tantas historias de vida de la relación.

Estas historias son tan únicas, como es única la firma de una persona. Un ser humano en una relación con otro ser humano no debe encargarse de otra cosa que de la máxima responsabilidad de su vida o del prójimo. Por lo tanto nadie debe obligar a otra persona a hacer algo. Es suficiente que un hombre permita el contrapunto, ya que el contrapunto es el espíritu de Dios o la vida vital.

El hombre no debe imponer sus ideas a otro y enseñarle, por ejemplo, cómo debe comer. Esto es completamente irrelevante. Es importante que viva él mismo en contrapunto. Que siga esto y se esfuerce de igual modo en el contrapunto, así será compasivo y estará vivo.

La esencia no está en juzgar. El punto es que concibamos un contrapunto suficientemente fuerte. La regla de la vida, anuncia: »Hombre, no te dediques a ninguna manifestación física, se el contrapunto y el espíritu de Dios resolverá todo lo que está a tu alrededor«. »Vendrán y se irán«. »Y vendrán y se quedarán«. »Esto no es tu tarea«. »Tu tarea consiste en pararte delante de cualquier opción ajena y aceptarla«.

Jesucristo es el único habitante de la Tierra que se situó en nombre del arco que se llama nacimiento – muerte. Este es el acto más valiente que un hombre puede llegar a hacer. En nombre de la vida se puso a sí mismo en la muerte. Cubrió el arco general de la vida o del Padre total (incógnita). Por eso expresó: “Yo vencí la muerte porque la tomé para mí mismo”. “Ante la situación de ahogado de las blancas yo era negro”. “Ustedes por lo menos cubran sus pequeños arcos.” “Yo he cubierto el arco general que envuelve todos sus arcos.” “Es por eso que me llevo sus pecados.” “Su estupidez es única y solo en la asimetría.” “En esto de estar inmediatamente listos para ser blancas entre las blancas y negra entre las negras.” Porque de esta manera desaparece toda la vida del hombre.

Un contrapunto muy grande condiciona una gran asimetría – como por ejemplo la guerra. Por eso en las guerras florece el esplendor. Tan pronto como les va un poco mejor, las personas rápidamente caen en la asimetría, por eso se desencadenan recesiones, quiebras, nuevas guerras, etc. Lo que más quieren las masas es la asimetría. Esto sucede cuando el hombre – en esta era esto englobó a todo el mundo – “cambia los puntos cardinales.”

Cuando se presentan nuestras interrelaciones hay una gran fuerza asimétrica, como lo fue en el pasado el nazismo. El problema no está en pasarse a su lado. Por eso los pusilánimes se pasan al lado de los más fuertes. Hoy en día no tiene sentido igualar a aquellos que se han adherido a la parte asimétrica – los que han aceptado la muerte, se comprometiron al contrapunto y resistieron a estas fuerzas del mal.

La asimetría anula la dignidad de toda la existencia, ya que suprime el contrapunto o la vida vital, por lo que la parte asimétrica, según la regla de la vida, siempre es injusta. La vida no conoce las partes justas ni las injustas. Todo lo asimétrico es injusto ante Dios, ya sea en nombre de la religión o de la locura. Y todas las relaciones en contrapunto son, independientemente del ámbito, siempre justas, ya sea en nombre de los mendigos o de los genios.

Entre la asimetría y el contrapunto existe una diferencia como entre el día y la noche. Cuando el hombre es atrapado por el predominante campo magnético de la asimetría no se puede separar más de él. Cuanto más es atraído, más se representa.

Un campo igualmente fuerte es el campo del contrapunto. Cuando una persona fortalece su espíritu, ya no puede ser arrancado hacia la asimetría. Esta fuerza fue la que le otorgó a Jesucristo el poder de aceptar la cruz. Si en él hubiera habido un poco de debilidad, no podría haberla aceptado.

El poder del interior o del contrapunto reside en que la gente escucha de manera subconsciente, sin importar el lugar en el cual el interior se manifiesta. ¿Acaso Jesucristo organizaba conferencias en salas y con asientos tapizados? Las personas lo descubrieron solas. Atraídos por el poder de su interior o de la Vida en él.

No es necesario escribir la verdad cuando alguien habla. Cada uno siente cuando algo es real en su interior, por lo tanto escucha espontáneamente. Al final da igual donde escucha algo el hombre: fuera, bajo la lluvia, o en casa. La vida te dice: “No importa dónde, cuándo y de quién has comprendido.” “Lo importante es que hayas comprendido.” Tan normal es necesario mirar a la vida.”

El hombre no tiene que ser inteligente para que la vida esté con él. Esto es una “seguridad” que al final aleja completamente al hombre de la Vida o de su propia esencia. El hombre debería aceptar la realidad, aceptar su ignorancia, ya que sólo así se permitiría toda la sabiduría de la vida. Tan pronto como alguien dice: “Yo sé”, se transforma en un estúpido. El hombre no sabe nada. La vida en él sabe.

Es débil el hombre que no se atreve a traspasar al otro lado de sus propias reglas. Jesucristo traspasó al otro lado de sus propias reglas y en la otra parte estaba la muerte. Vivió durante tres años del otro lado de las reglas. Cuarenta días en el desierto aceptó para él la regla del origen: la regla del muerto. En el momento que aceptó la regla del muerto, actuó la vida y a través de él se reflejó eternamente. Y esta vida que actuaba, era Dios en él.

Las personas que se esfuerzan en su perfección, no llevan en ellas ninguna dimensión de la vida. Estos son los clones blancos. Nadie más se atreve a ser negro. Cuando una persona atraviesa el límite, donde se pierde como blanco entre los blancos, está perdido. A partir de aquí lucha en la eterna asimetría de todo. Por lo menos debería arriesgar un milímetro para cruzar el límite que divide la asimetría del contrapunto.

¿Cómo vive el niño? Cuando está triste llora, cuando está feliz se ríe. Es natural llorar, es natural ser feliz y es natural ver un perrito. Hoy en día lloran de manera artificial y tienen cursos para sonrisas artificiales. Sería suficiente vivir por lo menos los principios del niño…

Cada vez que el mundo se perdió hacia un lado o a la asimetría el resultado fue la decadencia. De la Biblia conocemos el Diluvio universal y el ejemplo de Sodoma y Gomorra. (Si entre ellos encuentro un solo justo (un contrapunto), no destruiré la ciudad.)

La exposición al contrapunto es lo único que la Vida le pide al hombre. Porque sólo en nombre del contrapunto es posible despertar el espíritu de la Vida o el Espíritu Santo. Cuando una acción se realiza de forma asimétrica no hay información en el espíritu de la realidad. Por lo tanto, nadie sabe de qué se trata.

Un hombre asimétrico puede parlotear sin parar y explicar algo, pero a pesar de esto no puede convencer a una persona razonable y normal. Por otra parte, los concisos pensamientos de Jesús, envueltos en su ofrenda, se funden como el oro moldeado desde hace dos mil años. Ya que son reglas de la vida misma, son extremadamente simples, pero únicamente pueden ser comprendidas por aquellos que viven en contrapunto.

Todos los imperios y todos los sistemas que existieron alguna vez se hundieron por la anulación del contrapunto. Todas las caídas son consecuencia de la insoportable vida en asimetría. Cuando la vida se hace insoportable, las personas comienzan a destruir.

En esta época la destrucción comenzó con el terrorismo, los asesinatos en masa en las escuelas, con los disturbios en todo el mundo, con la migración de los pueblos, etc. El motivo es la insoportable situación del mundo humano. Como el contrapunto ya no posee “derecho a la patria” las personas ya no son capaces de existir en la excepcionalidad de la vida. La anormalidad comienza cuando el contrapunto se interrumpe. Con ello comienza la caída de todos los sistemas humanos o asimétricos y, por lo tanto, con la decadencia de este mundo.

 

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