Tu paso es suficiente

Las personas quisieran ser la copia de la montaña más alta, pero le temen al río que corre debajo

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Tu paso es suficiente

El hombre puede caminar en paz según la regla del Señor, tu paso en el Señor es suficiente para refugiar la vida.

Es suficiente con tu propio peso, para la vida no necesitas un peso infinito.

En la vida tu propio peso es suficiente, con él puedes compensar cada relación. Cada uno tiene su propio peso, su refugio según el Señor. Si renuncias a tu propia manifestación, no le arrebatas nada, sólo vives la vida con el peso total. O en la manifestación buscas el peso infinito, pero así pierdes peso y con ello el refugio en el Señor.

El hombre que ha perdido su propio peso en un latido ajeno busca el suyo, pero en él pone la carga del propio latido. Ya que cada latido de vida tiene su antilatido.

Toma para ti el peso de tus ojos, para sentirte seguro de lo que ves. Toma para ti el peso de tus pensamientos, para poder comprender. Toma para ti cada momento, porque no existe nada que tu peso no pueda compensar. No cuentes con otros, porque no tienen nada que ver contigo y con lo que tienes que compensar tú mismo.

Como el hombre tiene su peso y su pulso, el espacio tiene el pulso del tiempo que late proporcionalmente a diferentes longitudes de onda. La vida es exactamente automática en todo, pero la exactitud es una medida relativa, desplazada con respecto el uno con el otro. Sólo el hombre es la medida exacta, que puede y debe asumir su propio peso, independientemente de los otros y, por lo tanto, con su refugio compensar la exactitud de lo automático.

»Derriben este templo sobre los hombros de los demás, en tres días con mi propio peso levanto uno nuevo«.

El hombre nace según el Señor con el peso total del refugio, pero al traspasar mayor responsabilidad de su vida a los demás le va quedando cada vez menos peso y menos fuerza para actuar o para proteger la vida.

Todo lo que tiene su propia voluntad va a contrapeso: todos estarán condenados por su propio contrapeso y todos aflorarán en su propio peso y no en el infinito. Tan pronto como defiendes tu rostro, rompes la regla del Señor y evocas el contra latido de la vida. Todo lo que haces con tu propio peso, es bendecido por el Señor con la eternidad.

Sólo si eres un amigo con todo el peso eres un verdadero amigo: un amigo del tiempo, de los objetos, de las personas. Haz todo con su peso completo, porque la medida no es determinada por el hombre, pero por la vida. Si no tienes suficiente peso o un peso completo, provocas un contra peso y te ahogarás en él. Toma tu propio peso en ti mismo y compensarás tu vida.

La vida te volverá a la vida. Todo lo que ves es la vida que espera su latido. También tú eres el latido dormido del Señor que ha renacido, el latido dormido de la vida.

La vida late en lo Invisible, por eso no especules con lo que es visible, ya que con tus propios criterios te conviertes en un extraño sin el peso ante los demás y al final pasas a ser un extraño para ti mismo.

Tu peso es suficiente, pero no lo tienes para especular con él. A través de la especulación te conviertes en un extraño para ti mismo y para todo. Comenzará el distanciamiento, se impulsará la anti secuencia de todo lo que pesaste en la balanza de la vida a tu favor. En la anti secuencia todo fluye a la distancia, pero si regularas con tu propio peso completo, fluiría a la cercanía.

Las personas no son conscientes de que la vida puede fluir en el sentido del antilatido, porque la vida hasta ahora fluía desajustada o desde el latido de otro. La vida no fluía forma sincrónica, por lo que no latía, pero se pesaba en el ángulo del nacimiento y de la muerte: en un ángulo de 45°. Ahora el latido de la vida fluirá exclusivamente a partir de su propi refugio o sincrónicamente con lo condicionado. Cuando se impulsa el latido de la vida, se impulsa al mismo tiempo también el antilatido.

La cruz de este mundo es la cruz de la exactitud desplazada, la cruz de este mundo es tu cruz, la cruz de tus dimensiones en el Señor. Toma la cruz de este mundo y caerán las cargas… porque tu paso en el Señor es suficiente para mover lo que está desplazado y despertar el latido de la eternidad dentro de ti.

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