El extraño en mi

Hasta que te apropies de cualquier cosa, buscas el equilibrio afuera y te persiguen tus propias inquietudes

El extraño en mi
El extraño en mi

Estoy cansado, soy un extraño en mí mismo cruzado por primera vez en el cuerpo.

Estoy cansado, en una ciudad extraña, cruzado por segunda vez en el alma.

Estoy cansado, cruzado por tercera vez en el espíritu de mi conciencia – un extraño por voluntad propia, que me dice que estoy en mi lugar.

Pero en mí todo está cansado – en la cruz la izquierda en la derecha y la derecha en la izquierda, en la cruz de »mi« lugar, hasta no reunir fuerza y valor para decirle la voluntad mía:
»¡Eres un extraño, aléjate de mí!« Para ser capaz de darme cuenta de que este lugar no es el mío, que vivo en un lugar extraño y mi alma es un alma vagabunda hasta que sueñe al extraño que hay en mí.

Este mundo es un mundo unilateral – es un mundo que permanentemente busca el equilibrio, porque no existe nada que esté en su lugar y todo se ve atrapado en los reflejos. El hombre en base a la superficie del reflejo vive a sí mismo a través de otros u otros a través de uno mismo. Quien vive a sí mismo a través de otros contrae el tiempo y el espacio en el reflejo refleja sus propias formas. Pero quien vive a otros a través de uno mismo, abre el espacio y el tiempo de la acción real.

El tiempo y el espacio son uno. El tiempo es el Señor, uno a otro somos únicamente el lugar de la manifestación del tiempo en el espacio. No hemos nacido para juzgar, sino para ceder el lugar unos a otros. Porque no existe nadie y nadie puede juzgar, el lugar sólo puede juzgar al hombre que no puede cederlo. Jesús fue crucificado porque dejó su lugar.

Si el lugar del presente fuera realmente tuyo, nadie te lo podría quitar. El lugar que te dan no es el tuyo y cuanto más lo sujetes ante alguien, este lo puede encoger y también arrebatar. Esto, lo que vives, es tu sueño, que sueñas para alguien y esto puede pasar, como tú. Pero si dejaras tus sueños y vivieras por cualquier cosa o por cualquier persona, podrías abrirle un lugar en ti a aquel. Si dejaras todo, incluyendo tu presencia, se abriría un lugar a todo y te convertirías en el mismo presente.

El lugar de la realidad no es tuyo ni mío – cada uno está en un lugar extraño, nadie está en su lugar. El lugar de la realidad es el lugar más oculto de todos, oculto en nadie, y sin embargo uno en otro, el único verdadero lugar para todos. El lugar de la realidad es el misterio del Señor que vuelve a la vida en un instante cuando dejas tu lugar para otorgárselo a otro.

»El reino de Dios está en ustedes«, »por eso vete de aquí«, dice el Señor. Vete de este mundo, que vive su derecha en nombre de lo desconocido, en los hombros del rendido y deshonra al Señor, al más devoto de todos. No vivas en lo conocido en lo desconocido, deja este mundo y camina, camina y busca el alma tuya y encontrarás el hogar de tu concepción en las manos del Señor. Sólo allí podrás descansar hasta el fondo.

Hasta que te apropies de cualquier cosa, buscas el equilibrio afuera y te persiguen tus propias inquietudes. No te inquieta el mundo agitado, pero la inquietud del extraño en ti. Por tu inquietud caminas por los senderos del unilateral, si tuvieras paz no irías a ninguna parte.

Jesús dijo: »¡El que quiera cumplir con la voluntad del Padre que renuncie a sí mismo, tome su cruz y me siga! «

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