Entre las aguas poco profundas y las profundidades

Uno a otro somos la profundidad, y a nosotros mismos sólo aguas poco profundas

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Entre las aguas poco profundas y las profundidades

Tu mundo funciona entre el instinto y la razón, naces en la frontera de las aguas poco profundas y la profundidad, en la frontera de la conciencia que te conduce con mano diligente si estás dispuesto a seguirla. Y, si la sigues, tu conciencia se hace liviana y tu fuerza de voluntad se hace fuerte en el corazón del olvido de uno mismo. Y luego entras y haces y nada te puede detener. Porque has detenido el tiempo en el instante en el que ingresaste al nuevo mundo – el mundo del Invisible, que por ti se hace visible.

Mientras eres niño juegas en las aguas poco profundas de la infancia que, a través de las aguas poco profundas del instinto, maduran las letras de la razón, pero cuando maduran, debes dejar las aguas poco profundas para no cortarte con los bordes de tu propio instinto. Cuando un hombre crece debe nadar hacia las profundidades correctas y, cuando llega el momento, debe nadar por siempre en las profundidades de la eternidad. Porque es extremadamente fácil desafiar las profundidades en las orillas de aguas poco profundas, pero infinitamente descarado hacerlo ante las profundidades de la vida.

Uno a otro somos la profundidad, a nosotros mismos sólo las aguas poco profundas. Con cada relación real abandonamos las aguas poco profundas e ingresamos en el mundo de las profundidades, con cada acto tiránico dilapidamos las profundidades de la eternidad por el precio de nuestras propias aguas poco profundas.

El mundo de las aguas poco profundas desaparece, el mundo de lo visible está perdiéndose en la noche, ya que en las aguas poco profundas desaparecen todos los posibles contactos, quedan únicamente las reacciones vacías que funcionan sin ninguna orientación en el hombre que despilfarró su alma y su espíritu en las orillas de sí mismo.

Estoy presente en vivo por una relación viva, tu relación me revive y sólo a través de la gracia de tu conciencia de lo invisible me hago visible a los ojos que me permitieron florecer en el campo de mi relación.

Nadie puede vivir en tu lugar. Cada criatura puede cuidar su vida. No existe la amargura en este mundo, existe únicamente la confianza en el Invisible y el sueño en las orillas de lo visible.

Toda la creación es un reflejo del Invisible, atrapado en el positivo de lo visible sin cobertura. El hombre puede tomar el negativo de toda la creación para sí. El hombre es el negativo del positivo de todo, según el Hombre que ha cubierto totalmente su positivo y puso la base y la forma del negativo, del espíritu y del alma, sin embargo revive sólo en el negativo del otro y todo el mundo del invisible en Él por ti, si tomaras el negativo para ti mismo.

Detuve el tiempo, pero detuve al hombre en él. Soy el campo del tiempo suspendido, pero sin ningún crecimiento, no hasta que el hombre no detenga al hombre para que pudiera transcurrir el tiempo de la eterna primavera.

Quien es el tiempo detenido, nadie más podrá borrarlo. Mientras miras extraños rostros, buscas sólo tu propia cobertura. Por eso no puedes ver nada, sólo caes con todas tus acciones bajo la autoridad de los rostros extraños.

Mira con toda la voluntad de tu rostro y de tus ojos y afilarás tu mirada. Sólo con tu propio rostro podrás detener el tiempo. Con los rostros extraños únicamente puedes activar la autoridad sobre ti mismo. Así corres como el tiempo sobre Él, quien apostó todo por tu rostro. Pero nadie tiene autoridad sobre Él, quien afiló su mirada, porque nadie puede regatear con el tiempo detenido.

Sobre la cobertura puede decidir la fuerza interior o la voluntad. La razón ayuda, pero la fuerza decide y pesa de positivo a negativo. La voluntad es la fuerza básica de la cobertura del negativo.

El secreto de la voluntad está en la contemplación de uno mismo a través de todas las situaciones. En tu rostro hay una voluntad infinita, porque en él se encuentra la eternidad del Invisible. En el rostro extraño caes bajo las reglas de la jerarquía que te limita con lo visible. Sólo estás contigo mismo enfrentándote a la acción. Quien no puede consigo mismo, cae bajo la autoridad de todo y con cada acción se convierte en un extraño. Todo lo que afilaste de verdad y de manera honrada de tu rostro será nuevo y te saludará y bailará en ti en lo nuevo.

La vida es un caos aún que se está buscando. El sistema es reflectante, por eso mueres en lo visible, pero el mundo real que está emergiendo, está oculto en el Invisible y lo haces emerger tú solo.

El flujo del tiempo en el espíritu y en el alma está detenido. En la jerarquía, al que está sobre el sometido le corre únicamente el cuerpo, que es lo último que queda en las aguas poco profundas del instinto tiránico.

Tu cuerpo, Tu voluntad, porque la vida se queda sin un sistema, si no te tiene a ti.

Nadie con nadie, solamente tú contigo mismo pones un sistema a la vida, cuando a través de la acción te enfrentas a ti mismo y le das al cuerpo eterno las profundidades invisibles del infinito.

O en un rostro extraño observas las eternas aguas poco profundas de tu propia muerte.

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