El valor de la conciencia

La falta de conciencia o aquello que se encuentra detrás de ti, lo que se encuentra dormido en ti es el origen de todas las características de la vida

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El valor de la conciencia

En ti duerme el mismo conocimiento que en el caballo, pero en el caballo hay mucha más ingenuidad y miedo, porque la conciencia del caballo está atrapada en la falta de conciencia, en el hombre dentro de la conciencia.

En ti duerme toda la naturaleza, tienes todas las características de la naturaleza y cuando juzgas a alguien, juzgas las características que duermen en ti. Al dividir las características creas tu identidad, en vez de no determinar nada y aceptar sólo en silencio todo, así se despertaría lo extraño en ti y lo tuyo en el extraño. Porque tu círculo es demasiado pequeño para ti, para otro es justo. Con cada relación hacia alguien o algo lo abres, pero si lo conduces solo cierras cada círculo.

En la no aceptación existen los abismos de la soledad, donde las personas actúan como personas ante otros, pero por detrás de ellos son solamente unos ojos extraños.

Cuando aceptas todas las características de la creación como propias, sin mirar más a ninguna criatura como algo extraño ni al prójimo como a un extraño. Si no puedes aceptar estas características como propias, entonces odias al hombre frente a ti con tales características.

Jesús tomó todas las características para si, por eso su escencia está libre de pecado.

»Quito los pecados del mundo«

Acepto para si todas las características de este mundo.

Jesús cubrió todas las características y, así como él las cubrió, hazlo tú también y ya no habrá un extraño en ti, ni detrás de ti, sólo amigos en la no conciencia contigo.

Ha empezado un período, el mejor período – el período en que ya no habrá un yo, ni un tú, pero estará la adopción de las características de todo, todo se convierte en uno. Pero quien no pueda hacerlo, dentro de si dividirá, dividirá, dividirá, dividirá… para separar a sí mismo del otro.

Uno divisor, otro multiplicador. Quien multiplica concientemente, de manera inconsciente divide, quien concientemente divide, inconscientemente multiplica. Cuando se cubre el lugar de la última división, comienza el período de la última división.

La última división es la muerte.

Mientras la división y la multiplicación están atrapadas una en otra como el espacio en el tiempo y el tiempo en el espacio, todo nace: del invierno la primavera, de la primavera el verano, otoño, invierno… y de nuevo del invierno al invierno pasa por el mismo círculo del transcurso. Sin embargo todo duerme en las divisiones.

Cuando la última división del conocimiento está cubierta, la multiplicación y la división no pueden disociarse. Quien es divisor está emparejado con el divisor y uno detrás del otro, se multiplican en el interior. El multiplicador en pareja con otro multiplicador se divide en un eterno bucle.

Cada media división es, esencialmente, una multiplicación en si misma. La división debe ser verdadera y en su totalidad. (No estás caliente, no estás frío, te escupo).

Todo lo que se multiplicaba, era algo que no es – un todo virtual, a expensas de aquel que es. En el momento que ya ha ocurrido, todo el mundo recuperará la sobriedad.

A pesar de que la realidad atraviesa la vida ya en este momento, gobierna el fluido de lo aparente. Porque en el hombre hay demasiado poco respeto a la conciencia de la propia división.

Todo entendimiento es un reflejo de la propia división. Alguien se divide con dificultad, sin embargo se divide. Quien se divide con dificultad también comprende con dificultad. Con la división flexible se expanden los horizontes del hombre, quien se divide generosamente (Que la mano izquierda no sepa lo que hace la derecha) posee un amplio horizonte de 180 °. Algunos aparentan que se dividen.

En la época de la última división pasan los procesos de la vida a manos de la regla designada de las divisiones o multiplicaciones – hoy en día todavía está en manos del hombre.

El todo virtual no puede funcionar en la realidad. Sólo la división en la esencia es real, que condiciona el todo real o la creación según el Señor.

Cada forma tiene su propio molde en el tiempo, pero ni uno es perfecto, por eso todo se derrama en la fugacidad.

Tus palmas son el huso del tiempo, valiosas en su propia conciencia, porque sólo tus palmas pueden abrir los moldes del tiempo para los contenidos del inconsciente y lo eterno. Cada conciencia suya puesta en un molde se está perdiendo en un medio círculo, que gira en el vacío y el molde para los contenidos no aparece y no aparece…

El camino del hombre en la travesía de la conciencia a la inconciencia es largo, lleno de miedos, de ingenuidad de sueños, de esperanza, desesperación, pero cada gota de conciencia en Él es valiosa, que trae la confianza de que, alguna vez en algún lugar el hombre pisará las llanuras de la conciencia del todo y conocerá que todo es lo mismo, que siempre ha sido lo mismo y que nunca existieron razones para los límites de lo mío, lo tuyo.

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