Testigo irrefutable

Sólo en la medida en que aceptas el hecho de que este estás, puedes permitir. Cuando permitas todo, todo en ti se calmará

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Testigo irrefutable

En lo más profundido de su subconsciente el hombre sabe que no está y cualquier forma con la que demuestra que está lo delata. Alguien está en apuros por el hecho de que el prójimo lo tiene como alguien – otro se aprovecha de este hecho.

El instinto es la fuerza del no ser que se manifiesta el ser. El hecho más evidente en el hombre es que no está, pero la fe más fuerte y más sólida en el hombre es justamente eso, estar.

Con la fe en si mismo siempre reacciona el animal en el hombre. Vives en el mundo animal del instinto. Pero tú no estás.

Los niños reaccionan ante todo, los adultos actuan después de pensar, pero cada uno lleva dentro de sí un instinto elemental, dormido, que se activa de acuerdo con la situación y pierde la fuerza según el desglose. Puede durar un instante, un día o un año, dos (estados de depresión) o convertirse en un estado sin fin (enfermos mentales).

El instinto básico es el instinto de autoconservación, es tu pecado original. El hombre a lo largo de la vida aprende a morir. Tanto como recibe el hombre, debe ser capaz de abandonar – tanto como es capaz de morir, nace en el »otro lado«.

El instinto, el más genuino y sin embargo únicamente un jugador presente – el alma sincera, una buscadora del presente en las orillas del pasado y del futuro.

El hombre a través del pasado recuerda y pronostica el futuro, sin embargo está más vivo únicamente en su presente. Pero incluso de nuestro propio presente, el hombre deberá morir de la presencia básica, ya que el presente mismo es solamente un útero de la vida.

Aunque el instinto parezca el contacto más genuino con el presente, es sólo una ilusión del espíritu del más allá que habita en el cuerpo y en el alma, que juega con el alma sólo por su cercanía – esta es, a pesar del pasado y la esperanza del futuro, más cercana al presente en el espíritu.

El presente del espíritu aún no se ha despertado en el cuerpo, ahora sólo se despierta en el alma. Hasta que aceptes lo más simple que hay en ti, en la misma presencia, el instinto con su carácter directo en la confluencia del pasado y del futuro gobierna sobre el carácter indirecto de todas tus esperanzas en el presente.

Si un hombre aceptara la presencia básica, permanecería ante los ojos de todos, mientras siga buscando cualquier manifestación todos los ojos lo atraviesan.

Tú no eres yo y yo no soy tú y el que piensa que comprende todo y que es comprendido se equivoca, porque mientras el hombre esté ligado por su instinto a su propio presente, no entiende, no siente y no ve nada en el otro lado.

Lo interior abre lugar al exterior, lo exterior delimita al interior.

La gente respeta el mundo grande, pocas personas ven al pequeño, pero no saben que sólo sobrevivirá el mundo pequeño. Concientemente condicionas al niño con un pequeño hombre, si le permites la pereza, tarde o temprano esta lo pisará.

»La paz os dejo, mi paz os doy,« la paz del hombre interior, que está en vosotros, la paz de la presencia básica.

El mundo de lo pequeño – el mundo interior no tiene tiempo, ni espacio – no tiene nada. Tú eres quien le da el tiempo, el espacio y el contenido al interior. Cuanto más mueras en tu presente más abres el espacio interior. Toda la vida se origina del interior y tú le das un par.

Según la regla del exterior, el mundo pequeño pudo sobrevivir sólo en tu nombre, según la regla del interior podrás sobrevivir sólo en nombre del pequeño que has permitido sobrevivir.

Mientras haya algo en el interior, no está desglosado, está en la balanza de la causa y la consecuencia. Por más que sientas a ti mismo como una causa, no te puedes desglosar. Cuando renuncias a la causa, permites ser tú mismo una consecuencia. Pero no eres ni la causa ni la consecuencia, sin embargo te determina la relación entre la causa y la consecuencia.

Incluso el universo es una consecuencia y es desglosado por el tiempo. El tiempo siempre transcurre dentro de la consecuencia. El tiempo es invisible, la consecuencia es visible. Aquel que no acepta las consecuencias, vive la ausencia de la presencia de aquel que acepta las consecuencias.

La consecuencia desglosa todo hasta la causa. Cuando todo se desglose hasta la causa, la causa legitimará la consecuencia. Ahora todo es reflejo o consecuencia, por la cual mediante la división busca la causa.

»Si no les hubiera sido dado, no podrían ser capaces de juzgarme.«

Decide el poder de la vida. Este siempre actúa desde la oposición que condicionas. Jesús en su interior condicionó la Vida, por lo que, por la regla del exterior, fue crucificado.

La causa, que es ahora un octavo, se convertirá en el total. En la balanza se encuentran el total y octavo – la causa y la consecuencia, y cada uno determinó el punto de partida de la acción.

El Señor es infinitamente justo, al cruel lo condenará su propia crueldad y al bondadoso lo salvará su propia bondad.

Todo lo interior dividirá, todo lo exterior multiplicará. Sólo habrá multiplicación y dividisión, tú no estarás. El hombre caminará por los bordes extremos del primitivismo, con el fin de mantener la fe en sí mismo, pero deberá aceptar su situación real – el hecho de que no está.

»Voy allí, adonde ustedes todavía no pueden ir.« A una tierra llena de no ser.

Es infinitamente fácil determinar al otro como aquel que no es, pero hacerlo con uno mismo es infinitamente difícil. Mientras te sientas como cualquier cosa, cometes el mayor error posible, porque en realidad no estás. Podrás sosegarte sólo en el hecho de que no estás, que nunca estuviste ni nunca estarás. Mientras vivas, no estás, solamente son tus características con las que te sostienes aquello que no está.

Sólo aquel que no está puede caminar sobre el agua. En el momento que pierde la confianza en aquel que no está, se hunde.

Soy el que soy. Y eres, el que eres, por eso es imposible extinguirse a la nada. Pero cada uno deberá extinguir su propio ser hasta el completo no ser.

Cuando colocas a otro al no ser, no sientes nada, porque lo pones en el no ser de su ser. Pero cuando te eligen para no ser, te consternas por cada pulgada que te quitan de tu propio ser.

Ahora el presente se encuentra desglosado con el conocimiento hasta la misma presencia. Todos deberán aceptar el no ser en si mismos y soltar de sus manos la misma presencia.

El Señor es la regla de la presencia infinita y de la ausencia infinita.

La presencia viaja a través de todo y a través de ella somos el fundamento unos a otros. Todos somos la presencia de tu ausencia – puedes despistarla o respetarla.

Jesús murió para que todos pudieramos estar en el interior por Él, se fue a la tierra del no ser, porque no había nadie allí para presenciar Su nacimiento del interior.

No hay nadie, pero cualquiera que acepte su propio no ser, es un testigo irrefutable de otro.

No sabes nada sobre el futuro, ya que estás.

Y cuando el ser te sea dado por alguien,

sabrás todo sobre el futuro,

pero el pasado, que ahora es sólo lo que sabes, ya no estará.

 

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