El fluido del hombre – el reflejo de la realidad

La conciencia es la primera relación que te es dada, después de la vida. Respétala y no intentes ser tu punto de partida de las reglas de la vida

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El fluido del hombre – el reflejo de la realidad

Tu prójimo es la segunda relación que te es dada después de la conciencia. Respétalo y no vivas tu mundo en él.

El fluido es tu tercer relación en la que has nacido como maná del cielo según Él, que no es de este mundo. Respétalo, porque el fluido del hombre es el fluido de la realidad que da luz a la realidad misma. O todo lo que es dado se derrama en el campo del fluido malgastado.

El fluido es el secreto de la vida. No sabes lo que es verdad y no tienes que saber. Cuando le des un par a la realidad, sabrás de ella. Sólo a partir de la opinión se despierta la realidad y en ella se oculta el fluido de la vida. Quien da un par al hombre interior le da un par al Señor y en él habla la realidad.

Aquel que respeta la regla de vida, condiciona la conciencia sobre la vida en uno mismo y no dirige con la conciencia del hombre sobre la vida. La conciencia sobre la vida despierta la compasión en el hombre, la conciencia del hombre siente el punto de partida de lo suyo en el prójimo. Sólamente la compasión abre las manos para las ofrendas en el hombre y olvida sus manos.

Tus manos siempre exigirán lo suyo, hasta que te olvides de ellas, pero sólo la conciencia desata las manos de la inconsciencia, para que en la inconsciencia puedan alcanzar y sobrepasar las manos de lo suyo y abrir las manos a la vida y en ellas dar a luz la realidad.

El hombre es la única criatura que no está atrapada en un par con nadie ni nada. Por eso, detrás de él no nació ninguna criatura más. Está separado de todos los pares, pero está atrapado en si mismo dentro de una fotografía en blanco y negro. El hombre es la última encrucijada, pero dentro de sí todo está cruzado en el fluido del hombre que es su realidad, que puede y debe cruzar todo, hasta el último átomo.

El lugar del fluido es el lugar del reflejo, es el lugar vacío o el lugar de la libre elección de la relación. Aquel que se busque a si mismo en el fluido, no encontrará otra cosa que no sea su propia reflexión. Aquel que realmente se alcance a si mismo en la búsqueda, condicionará los lugares de la relación verdadera.

El hombre puede vivir el par consigo mismo a través de otro y, de este modo, contrae el tiempo del hombre o a través de otro se abandona a si mismo y condiciona el tiempo del hombre a otro. Mientras vivas una relación exterior en cada relación estás en par contigo mismo, pero una vez que le das un par al hombre interior, no persigues más el equilibrio exterior y, de esta manera, abres el tiempo del hombre o el lugar de una relación verdadera.

Nada está en par, únicamente lo interior se encuentra atrapado en un par con el exterior en el fluido del mundo reflectante en blanco y negro. El Señor desenredó todo, sólo las palmas de tu relación se mantuvieron libres, pero atrapadas en la cruz de las relaciones exteriores internas. Todo lo que el Señor desenredó el injusto con puede cruzar, pero en un mundo blanco y negro siempre crucificará al entregado, porque están atrapados en el mismo par – en el fluido del hombre.

Mientras el hombre después del hombre no cruce dentro de sí hasta lo último del blanco al negro y sólo cuando otro haga lo mismo, en el lugar condicionado de lo real se abrirá la relación que apaga la luz del mundo blanco y negro, y de la noche nacerá el día para todos los que hayan abandonado sus manos, para que con el fluido del hombre dado no cruzaran, pero originaran al tiempo del hombre.

Más te apropias, más lugar ocupas de la relación y menos fluido condicionas.

Y Él dejó todas las propiedades y la muerte fluyó a través de Su rostro cuando entró en el lugar de nadie, donde no había nadie, y existió. La paz de adoptar todo es Su única dignidad y sólo con ella te enseña a Ti, para que puedas ver y aprender que debes salir de ti mismo para poder llegar a algún lugar.

Porque el fluido del hombre se derrama y solamente la aceptación de todo sin apropiarse condiciona la relación.

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