El mundo de las sombras

No podemos preguntarnos sobre algo que no es

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El mundo de las sombras

El mundo psicológico humano podría ilustrarse con el teatro de sombras, donde las sombras se proyectan de forma caprichosa en el lienzo, pero ninguna es real.

El hombre es la única criatura que principalmente vive el mundo psicológico o de las sombras, por lo que este le determina su estado, independientemente del estado del entorno. El hombre puede tener todos los recursos necesarios para la supervivencia, pero aún así puede estar sumido en la depresión o en un desequilibrio mental, si queda atrapado en el mundo de las sombras. Los mundos de las sombras humanos siempre han condicionado las crisis y las guerra o la paz y la prosperidad. Por lo tanto, las sombras sobre el hombre o el enfrentamiento del hombre con ellas es el principal parámetro que determina su condición mental y física.

Únicamente un alma consecuente, que es el único testigo de la realidad para sí misma está libre de sombras. Las sombras sobre ella no tienen ninguna autoridad porque ella es a sí misma la única autoridad. Este tipo de alma ve por sí misma, se da cuenta de la realidad y siente la realidad de las otras almas. Sólo un alma así puede realizar una acción real. El hombre que subyace bajo la autoridad de las sombras sólo se justifica ante todo y no advierte la situación real.

Al final cada uno será consciente de que eran sólo sombras, que las percibía como una realidad y que estaba bajo su autoridad únicamente por sus propias inconsistencias y falta de relaciones. El miedo es el hijo de las sombras, por ello nunca existe una verdadera razón para sentirlo. Cuando el hombre traspasa una información externa al interior, está en relación con la información como si estuviera consigo mismo y no existe situación exterior que no pudiera ser capaz de dominar en el interior. De esta manera el hombre vence el mundo de las sombras.

Cuando Judas Iscariote advirtió que permitió engañarse por el mundo de las sombras, no pudo sopesar más la realidad. Por eso él se colgó.

Jesús en el desierto venció la autoridad de las sombras sobre su alma y con la aceptación de la cruz venció la autoridad de las sombras sobre el cuerpo, por eso pudo resucitar de entre los muertos. Porque también el mundo físico es un mundo de sombras y es el último mundo que el hombre debe verse obligado a abandonar con el fin de vivir eternamente.

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