La última incógnita

El momento de la muerte es eterno y condiciona la vida en todas sus formas para siempre

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La última incógnita

Sólo el que está listo para deshacerse de su tiempo y tomar la muerte para sí, puede ser tocado por la vida en esta tierra de muerte.

Hoy en día la gente no tiene tiempo para nada, porque no están dispuestos a tomar un fragmento de la muerte para sí, por eso en la relación no le pertenecen a nada, pero se apropian de todo. En cualquier relación hay un límite crítico en el que los entregados abandonan su tiempo y los autoritarios invaden el otro lado de la frontera, donde le roban el tiempo a otros. Sólo aquel que está dispuesto a perder su tiempo en nombre de algo tiene amor, todo lo demás es un robo.

Todo el mundo persigue la vida, sin embargo no existe en ningún lugar un espacio para el sacrificio – para la muerte. De este modo tampoco hay vida, solo hay formas recubiertas de muerte que una tras otra se van descascarando como los frescos en las paredes del tiempo y, tarde o temprano, todo el mundo estará frente al rostro de su propia muerte.

Jesús fue a la cruz del tiempo eterno, no se apropió del tiempo del Señor, sino como alguien que no está se puso completamente en el regazo del tiempo del Señor.

Allí donde hay gente, siempre hay alguien que no está- y aquel que no está eres tú. Porque todo el mundo es en uno mismo aquel que no está. Sin embargo, cualquier persona que no está, se encuentra en alguna parte, en lo profundo del tiempo. Cada uno es una casa que está cayendo; aquel que está de acuerdo en que es la piedra de la muerte se convierte en el constructor de la vida. El que defiende la casa de lo suyo se queda enterrado vivo en las ruinas de su propio tiempo.

Cada uno es para sí mismo un hombre sin hogar, somos el hogar los unos a los otros.

Cada uno es en sí mismo la muerte. El tiempo te da la oportunidad de enfrentarte a tu propia muerte a través de todas las situaciones y acciones. Cada pérdida es una forma previa de la muerte. Cuando el tiempo se detenga, todo el mundo tendrá que enfrentarse a su propia muerte. El hombre con su actitud adquiere el poder de la aceptación. Aquel que en su camino a través de las acciones acepta las pequeñas muertes será capaz de aceptar la gran muerte.

El hombre dificilmente se enfrenta con la forma de la muerte, pero si la soporta crece su conciencia, y si cede su conciencia disminuye. Todas las acciones, todas los equilibrios son formas ocultas de muerte. En cuanto a las manifestaciones de la vida, muchos es la muerte cubierta. El hombre con el conocimiento descubre una y otra capa de manifestaciones, que se descascaran una tras otra y descubren lo conocido en lo desconocido, todo hasta lo último – llamado muerte.

Todas las formas son formas previas de la muerte y el hombre es la única entre ellas capaz de hacer frente a su propia muerte.

El átomo no tiene ninguna posibilidad de existencia, todo en la naturaleza se encuentra en una jerarquía que se actualiza. Unicamente el hombre tiene la capacidad de asumir para sí mismo la inexistencia, que es la base elemental de la vida. El hombre es más pequeño que un átomo, es el fluido del más pequeño, que transforma el tiempo en espacio y es una manifestación del más grande del lugar, que se desintegra en el tiempo, en la completa oscuridad de la conciencia.

Tanto inconciencia hay, tanta cautividad hay.

Cada uno reacciona instintivamente, pero la reacción depende de la conciencia del hombre. La conciencia está relacionada con la relación que vive el hombre – si está vuelto hacia sí mismo o hacia los demás. Aquel que está mirando hacia sí mismo, le toma los ojos a la conciencia y el instinto es más fuerte que él. Todo lo que cae por debajo de la mitad de la conciencia tiene poder sobre ti. Incluso un árbol tiene conciencia, pero la inconciencia en él es mucho más grande que la conciencia.

Mientras haya una incógnita en el juego, en cada hombre están la conciencia y la inconciencia en una relación 50 : 50. Este es el crédito del hombre. El hombre con la relación puede adquirir o perder lo que el poder de la conciencia sobre la inconciencia que le ha dado el Señor. Si el hombre se detuviera ante su muerte, dominaría completamente su naturaleza y las aves encontrarían su hogar en la conciencia del hombre.

La última incógnita es tu única conocida. La muerte no está cubierta con nada, pero no hay nadie que soportara mirarla.

Con el conocimiento de que se ha resuelto la incógnita, la vista o la conciencia del hombre comienza a abrirse a la plena conciencia. En ella no existe el miedo ante nada y, si aceptas tu propia fugacidad, finalmente podrás adoptar tu propia muerte.

 

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