Una grieta en el tiempo

Eres una grieta viva en el tiempo,
una resta, en la búsqueda de la suma,
y, sin embargo, siempre eres sólo una resta de una suma.

Tú eres la regla – eres el hecho de las diferencias o de las grietas en el tiempo, que condiciona la resta o la suma de una incorporación.

Todas las relaciones en el espacio son las relaciones de la resta en el tiempo, todas las relaciones en el tiempo son las relaciones de la resta en el espacio. Mientras el tiempo y el espacio se encuentren entrecruzados entre sí por su diferencia, todas las relaciones son simplemente la búsqueda del equilibrio en la grieta del tiempo y, por lo tanto, sólo aparentes.

Este mundo es un mundo de diferencias en el tiempo y en el espacio, por el cual transcurre todo hasta que la resta busca la suma, pero sólo en el conocimiento del reconocimiento y la reconciliación en la resta de su mundo, que condiciona el espíritu de lo eterno,

La grieta en el tiempo es la conciencia de que tu tiempo de reflexión a través de las relaciones condicionales del alma, que en la diferencia ahoga o crea conciencia. La grieta en el tiempo se reduce con la conciencia, con ello también tu tiempo de aceptación de los hechos de la resta finaliza a través de las relaciones. El conocimiento condicional en el espíritu abre la palma de la conciencia al alma, la conciencia completa cierra la grieta en el tiempo y entonces no hay más salida. En la plena conciencia comienza a funcionar la regla en el alma del espíritu condicionado, porque tú te conviertes en la regla del espíritu de los hechos condicionados de las sumas o las restas.

Nadie es la medida de la vida eterna para otros, pero unos a otros determinamos las medidas de las relaciones con sumas o restas de las diferencias en ti mismo.

¿De qué te servirá una mano llena de esfuerzo si no estás listo para abrírsela a nadie?

En el Señor todas las manos son iguales, la única diferencia está en la mano abierta o cerrada. Cada mano abierta está llena de vida, cualquier mano cerrada es una mano vacía. Este es el misterio del Señor, cuya regla la escribe cada hombre.

Cada mano cerrada es la suma de la resta sin cobertura, la seguridad a cuenta ajena, cada mano abierta es una incertidumbre interminable de nuestras diferencias que tomamos de la resta de alguna suma.

No hay ninguna certeza, porque la vida es una infinita incertidumbre, por eso el hombre debe aceptar la incertidumbre, ya que sólo con una vida modesta levanta las manos en la confianza.

Los niños son puros en el corazón de su incertidumbre. Jesús entró en el corazón de las infinitas incertidumbres de la diferencia eterna entre la vida y la muerte. En la grieta del tiempo la certeza de las manos cerradas debe romper la mano abierta de la incertidumbre y con la lanza de la muerte atravesar el corazón Del más puro para que la vida pudiera decir:

»Mira, Hijo mio, del cual me siento feliz.«

En Él la grieta en el tiempo se hacía más pequeña a través de cada uno y la Vida dijo sobre él, que en la diferencia no se vanaglorió, pero respetó el regalo de la vida:

»Mira, Hijo mio – hija mia, de la cual me siento feliz.«

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