En el corazón de aquel que no está

En el corazón de aquel que no está
En el corazón de aquel que no está

El alma es la conciencia en busca de la conciencia, por lo que siempre está tratando de ser alguien ante alguien. El camino de la conciencia es el camino del tiempo invisible de los dos lados que los dos fluyen al mismo tiempo desde el punto de partida del uno al otro.

La conciencia viaja, la autoconciencia circula en la circunferencia de su propio punto de partida. El que mantiene sólo su conciencia, tiene poca o ninguna conciencia de las cosas.

Alguien que mantiene su conciencia o existencia a expensas de alguien no ve, no siente y no entiende nada de lo que está frente a él. Aquel que mejor expresa su conciencia sobre algo, no tiene sobre aquello la menor conciencia.

Cuando puedes ser nadie delante de la gente, abres el sitio del hombre que está ante ti y allí comienza tu viaje desde la inconsciencia a la conciencia.

Sólo en el espíritu el alma se encuentra en paz ante la gente y sólo en el mundo de nadie se encienden las luces del mundo invisible de la conciencia. Todo es uno y si alguien te permite ir ante ti y tú le permites a él, estás en el espíritu del uno con él.

Todo hombre nace con el sello de la autoconciencia y dentro de los ojos, del corazón, de la razón todo el mundo lleva los ojos, el corazón y la razón de la conciencia. A lo largo de la vida todos caminan a lo largo del camino en el que con la autoconciencia se controla la inconciencia – pero sólo lo que le permites en ti mismo en este camino, te disuelve de la autoconciencia y te conduce desde el abismo de la inconsciencia a la conciencia.

La autoconciencia es el mundo de lo personal – el conocimiento del mundo real. Con todo lo real la autoconciencia se coloca frente a ti y se transforma en conciencia – con todo lo personal cubres tus propios abismos de inconsciencia con la autoconciencia.

Sirve a su autoconciencia y el mundo se recostará a tus pies.” Fue tentado el Hijo con la promesa del mundo irreal del todo en el mundo de la nada.

Pero el Hijo señaló: “Soy nadie delante de ti, que prometes todo, pero yo confío en el Señor que es nadie frente a todos y no promete nada. Amo al Padre, que es nadie en el espejo de lo suyo y sin ningún tipo de promesas en el espejo de lo mío.” Y se inclinó a la nada para poder condicionar el mundo de su Padre, el Señor de todo.

Aquel que es alguien pone todo lo que está delante en la nada, a pesar de todas las promesas. Sólo aquel que es nadie ante todo nace en el corazón de aquel que no es nadie.

El hombre es un prisionero de la libertad de su propio mundo y vive en la ilusión de la libertad de la autoconciencia. Sólo si no eres nadie, las tentadoras ilusiones de tu propia libertad no tienen poder sobre ti. Pero es difícil caminar por la pasarela de la conciencia de aquel que no cruzó el río de la inconciencia de quienes si lo hicieron.

Mientras el hombre pueda confirmarse por otros, no siente el peso de este, pero cuando la carga de su propia confirmación recae en el hombre, lo deja caer con todo su peso, que lo presentía, pero que dejó que pase a su lado y caiga en los hombros de otro. Porque no hay hombre que no sepa cuando se confirmó a si mismo y cuando les permitió a otros.

Pero sólo en el corazón de aquel que no es nadie, crecerá el todo.

 

 

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