El valor infinito

La realidad es lo más pequeño de todo, por eso en su ilusión muchos pasan a su lado

EL-VALOR-INFINITO
EL VALOR INFINITO


Todo lo que se extinguió en tu interior desaparecerá en el horizonte de tu mundo
Todo a lo cual encendiste una luz de esperanza se elevará en el cielo de tu corazón.

Porque todo estaba afuera sin cobertura en el interior,
así también naciste tú en un nacimiento aparente sin cobertura.

Sin embargo Él, que no tenía su mundo, murió en la cruz de la realidad y abrió el mundo a otro mundo, que encendió un rayo de esperanza. Para muchos algo reconfortante, para muchos el sueño de su mundo, solamente a los entregados la muerte, la muerte de su mundo, pero en el otro lado el mundo de la Realidad.

No puede haber dos cosas en el lugar de uno,
sólo puedes ser tú u otra persona que le diste el lugar – el lugar de la realidad.

Eres la manifestación de algo que se refleja, un aparente nacimiento. Si en realidad nacieras, estarías completamente en paz, sin embargo así cualquiera te persigue y tú persigues a todos, por lo cual te encuentras en la búsqueda de su aprobación.

»Que la izquierda no sepa lo que está haciendo la derecha«, decía Jesús. No puedes despertar algo conscientemente, de manera conciente buscas el equilibrio para ti mismo, en tu interior se eleva de forma automática todas las cosas ante lo que tienes una relación honesta, porque tú solo revives el otro lado con el poder de tu devoción.

La justicia siempre sentencia a dos, pero es injusto hacia un tercero. A terceros no sentencia nada, sin embargo sentencia justamente en nombre de todo, ya que nace automáticamente dentro de unos a otros. El hombre nunca pudo establecer la justicia, la establece sólo la vida.

Mientras haya asimetría no habrá un contacto directo con uno mismo, porque alguien lleva la cruz de tu falta de cobertura, la cruz de la realidad de nadie.

La realidad es lo más pequeño de todo, por eso en su ilusión muchos pasan a su lado. Para que la realidad pudiera renacer, en primer lugar el hombre debería detenerse para que pudiera caminar el camino de algo. Pero el hombre de hoy no está dispuesto a detenerse en nombre de nada más.

Todo se detiene delante de la presencia de la realidad. La vida sólo detiene a la gente para dar un par de realidad, pero aún así, muchos no lo hacen, porque para un par de realidad se requiere una completa entrega.

Cualquier aceptación de la impotencia es una oración y ayuda al hombre a abandonar su forma. Pero en un sentido final la oración más profunda es la conciencia y sólo la conciencia de uno hacia otro, por la cual abandonamos nuestra forma de espíritu muerto.

El espíritu resucita a aquel que haya dejado su forma.

El hombre es una forma de manifestación en la cual el espíritu de todas las formas quedó atrapado, por eso el hombre está en una convulsión de todas las formas que se encuentran atrapados en él. Todas las formas de manifestación quedarán, ya que son el útero del nacimiento de la realidad o el nacimiento del espíritu vivo. Pero también son el nacimiento de la muerte.

El octavo del exterior es indivisible, es la fuente de la multiplicación,
el octavo en ti es el resultado de la división, que determina la aparición o la forma.
Quien guarda la forma fertiliza la división, quien la abandona fecundiza la multiplicación.

La vida no es la legalidad, la vida es una casualidad, entretejida en la legalidad. Incluso la vida eterna no es una legalidad, pero una eterna casualidad. Ahora tú estás por la casualidad, luego la casualidad irá a por ti, eres la legalidad, atrapada en una casualidad de reflexiones, pero estás pasando a ser la legalidad de la casualidad, que has condicionado tu mismo.

La conciencia es el primero y el último misterio de la vida. Tendremos conciencia unos después de otros, y nos perderemos en nosotros como los ciegos que no saben desde donde ir ni hacia donde.

Todo se va a lo lejos y llega aquello que ha sobrevivido unos en otros.
Quien se va en su nombre, permanece en tu nombre,
Quien se va en nombre del tiempo, permanece en nombre de la eternidad,

El espíritu se moverá a la realidad, todo lo subjetivo estará vacío de espíritu. No va a dividirse este mundo, pero todo se dividirá en él según el principio de su propio funcionamiento.


Los verdaderos valores se elevarán automáticamente,
los valores, que nos hemos otorgado entre sí.
Y de este modo se levantará Él, quien le dio un valor infinito a todo,
pero él murió solo en la cruz de lo invalorable.

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